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Área Privada

Isla Cofrade

Dorado

Los orígenes de la técnica de metalizar una superficie, para ser admirada en noble material o bien decorar dicho metal con técnicas pictóricas o mediante golpeo de la superficie, se puede encontrar más de 3000 años antes de Cristo.

Como casi en todas las técnicas artísticas, los primeros antecedentes los podemos encontrar en el antiguo Egipto, dorados sobre tablas, muros, sarcófagos, etc. En ellos podemos observar cómo las técnicas utilizadas por los egipcios eran muy similares a las actualmente empleadas por los doradores. Incluso tenían conocimientos del uso de la purpurina u otras técnicas como moler el oro aglutinado con resinas naturales. Los griegos también utilizaron técnicas de metalización en el arte. Realizaban esculturas con oro batido superficialmente, las cuales denominaban Zoanón. Los romanos llegaron a dorar el bronce con láminas adheridas con barnices y aceites y posteriormente se llega a metalizar todo tipo de materiales, mármol, cuero, pergamino y papel, siempre para revalorizar la obra de arte.

El oro se suele batir a partir de una porción, labor ésta que hasta hace pocos años se realizaba a mano. por ejemplo en Sevilla, por la familia Fernández, en la calle San Luis.

El oro, en épocas pretéritas, sobre todo en el periodo barroco, procedía de la fundición de monedas de curso legal, sobre todo Ducados castellanos y Trenzados portugueses. Esta fundición se hacía en un crisol al que se le solía añadirse plata o cobre, para dar mas consistencia al oro, ya que, debido a su fragilidad, al ser golpeado podía deteriorarse tan noble metal. Además, con la plata y el cobre, se obtienen distintas tonalidades (naranja, amarillo, rojizo.) El tamaño de la lámina de oro suele ser de 81 x 81 mm, con un espesor aproximado de 0,00001 mm.

En el Siglo de Oro se funda el gremio de batihojas, con ordenanzas muy estrictas en lo referente a la calidad del oro a emplear. La calidad del oro puede ir desde los 16 kilates, a 23,5. de pureza. Su presentación es en libros de 25 unidades de 81 x 81 mm. Su precio varía en función de su calidad y espesor, ya que puede ser sencillo, doble o incluso triple.

Es usual que muchas personas confundan habitualmente el pan de oro en su denominación con el oro metálico, u oro alemán, elaborado con un grandísimo porcentaje de cobre, el cual al ser mucho más grueso se puede manipular con las manos. Éste se suele presentar en láminas de 16 x 12 cms. Precisa de un aglutinante mucho más fuerte que el oro fino, y aunque se puede bruñir no es aconsejable su bruñido. Este tipo de oro siempre de de ser protegido con barnizado final que puede realizarse con goma laca o barniz.

Las técnicas del dorado sobre tabla siempre han estado rodeadas por un gran misticismo. Se realiza sobre una preparación de estuco a base de cola animal, agua y sulfato de cal. Una vez aplicado a mano o por medio mecánico se suele hacer en caliente. Se aplica, en primer lugar, a modo de selladora. Siempre previamente se sellan todos los ensambles con lienzos o fibra y posteriormente se le aplica la cola y varias manos de yeso.

Posteriormente se remodela, en función a la talla, con los hierros, escofinas y lijas, hasta conseguir un perfectísimo acabado. Una vez preparado el soporte de estuco se procede al embolado de la pieza, la aplicación de cola de pez y bol de Armenia el cual, en función del aspecto que se le quiera dar al oro, se aplicará en distintos tonos rojos o amarillos.

Una vez embolada la pieza, comienza un minucioso y paciente proceso, el de la colocación del oro. Primeramente se pone sobre una almohadilla, que recibe el nombre de pomazón, sostenida por el dorador en una de sus manos, mientras que con la otra manejará con una admirable pericia el cuchillo, que sirve para dividir la pequeña lámina de oro en pequeños trozos, que colocará con la pelonesa y pincel de dos puntas. Este último utensilio sirve, con una de sus partes, para imprimir sobre el bol la solución de agua y alcohol, el cual permitirá que el oro se adhiera a la superficie. Transcurrido un razonable espacio de tiempo procederemos a bruñir el oro dejando habitualmente las zonas internas sin bruñir.

Para conferir mayor volumen a la pieza, ésta técnica se denomina habitualmente de brillos y mates. El bruñidor, habitualmente, está compuesto de un mango de madera con una virola, que suele soportar en distintas formas las piedras que pueden ser de ágata, sintética, hueso e incluso de colmillos de animales.

Una vez finalizado la metalización de la pieza, si es necesario, se puede proceder a decorar la misma, bien con técnicas pictóricas, grasas o magras, más recomendadas estas últimas, técnica de temple al huevo o cincelando la misma.